Otoño 2015

Agia Kiriaki

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El Stray y un compañero nos esperaban en el pueblito de Agia Kiriaki, donde los gatos se hipnotizan mirando a los peces en el agua cistalina del puerto. Faltaban un par de días para el primer encuentro del grupo motor y aprovechamos para conocer con la familia de nuestro compañero heleno una isleta de al lado, llena de olivos y con un monasterio donde hubo miles de presas políticas entre los años 45-50. Llegó el día y salimos hacia Volos para recoger a los demás y regresar, acompañados de amigos ¡y muchos delfines nadando sincronizados! Teníamos mucho de que hablar, ya que de dos pasábamos a ser siete!, muchas ganas de navegar y conocernos, y poco tiempo, así que después de inaugurar el encuentro con una ronda emocional entre los olivos y ciclamenes floridos de Agia Kiriaki, la cubierta y el interior del barco fueron sala de reuniones y dinámicas unos cuantos días en los que revisamos los textos, el protocolo y compartimos la visión de cada una.

Ya con el trabajo bastante adelantado, navegamos viento en popa y con la corriente a favor hacia Vathikilo, una bahía con olivares de aceituna gigante que llegan hasta el mar. De noche, allí fondeados, nos sorprendió un vendaval… y alguno no pegó ojo revisando que el barco no garreará demasiado. Después de la tormenta y con el mar aún revuelto despedimos a dos de nosotros y más tarde, conocimos a Aleko, que llegó con las aguas calmadas, lleno de ideas muy bien ordenadas para proponer al proyecto. Regresamos a Agia Kiriaki una vez más, nuestra pequeña base, donde compartimos ratos con amigos, música, comida deliciosa en la casa de una amiga y donde hicimos una sesión de cuenta cuentos y canciones en el Cefenio del pueblo. Hacía más de 30 años, según nos dijo una abuelita que no escuchaban a un vocero, como el que anunció los cuentos, por las calles del pueblo. Y no sólo los niños escucharon con atención, también Saradi, pescador de esponjas durante toda su vida, y María seguían las historias con emoción. Asistió gente que comparte un proyecto de escuelita donde podríamos colaborar en otro viaje y nos regalaron un montón de manzanas deliciosas. Pasamos varios días en los que hicimos pan, reparaciones para seguir el viaje, y escuchamos las historias de aventuras como escafandrista de Saradi, que nos invitó a cenar a la brasa su sabrosa pesca. Una de las noches, más de uno alucinamos al tirar de la bomba del baño y ver girar en espiral destellos de luminiscencia,¡ una galáxia en el water!

Y salimos hacia Lesvos, con una parada para recoger a una amigo, bueno dos, ya que en la primera él no llegó a tiempo y nosotros continuamos un poco más adelante. Nos sorprendió el monte de Skiros, violeta con los brezales en flor y fuimos muy bien recibidos en el puerto por Ares, que nos regaló dulce miel de tomillo. El viaje hasta Lesvos fué rapidísimo, nos guiamos con la ayuda de la estrella Capella, que brillaba en nuestro rumbo y aunque ciñendo y con olas, alcanzamos velocidad record mientras los que descansaban en sus camarotes soñaban con naves espaciales. Justo antes de que saliera el sol las gaviotas volaban atrevidas entre las olas y mirando a una de ellas nos sorprendió el salto un atún inmenso, hermoso! En pocas horas nos despertamos fondeados en Skala Eressos, el pueblo de la poetisa Safo o Sapfo, como la conocen allá, flotando en aguas cristalinas con vistas a un acantilado, una playita y colinas muy áridas. En ésta parada el amigo Mihalis nos aprovisionó como lo haría nuestra abuela y compartió con nosotros el viaje hasta Plomari, en el que disfrutamos de un baño a velocidad de pez espada agarrados a un cavo, y el sol se despidió acompañado de aguas azul metálico.

Llegamos a Plomari y nos sorprende que no hay muralla ni fortificación alguna, el entorno es de pequeñas montañas y verdes! y las casitas de colores miran al mar desde sus balcones. Se une a nosotros un amigo valenciano de cara muy mediterránea, tanto que los que no lo conocíamos lo confundimos con alguien del pueblo, y los mismos del pueblo lo tratan también como de allá. Nos reunimos con varios amigos isleños y salimos a conocer el entorno, llenísimo de olivos y pueblos antiguos escondidos a la vista de los piratas. Gracias a Jalis que nos acercó hasta las termas de Polignitos, donde nos relajamos en las aguas calentísimas de las termas y nos dimos un buen buen desayuno. Una tarde, el cuenta cuentos del grupo, contó y cantó para l@s txikis de Plomari, y la sesión se alargó hasta bien de noche entre canciones helénicas con baglamas, flauta, clarinete y tzípuro. La lluvia otoñal comenzó con fuerza y esperamos a un descanso en la tormenta para salir hacia Mytilini, con cuidado de no golpear el casco con los troncos y restos que el agua había arrastrado hasta el mar, de dos colores y con olor a tierra. Atracamos en el puerto de la capital, cerca de los ferrys y nada más llegar nos encontramos con personas de mil colores y rasgos esperando para salir hacia Alemania, o lo más cerca posible. Habíamos estado informándonos de la situación, pero verlo en directo fue impactante. Tuvimos cuatro días de lluvia casi sin tregua, hasta que no nos quedó ni un solo calcetín seco y aprovechamos las reuniones en tierra para secar la ropa y nuestros huesos. Había muchas decisiones que tomar sobre el futuro del barco, y tuvimos asambleas emocionales intensas de las que gracias a nuestro amigo facilitador y las ganas de todos salimos a flote! También preparamos una presentación del Proyecto en Binio, centro social okupado de Mitilini, con cenador, concierto de Rock & Roll por parte de unos amigos y presentación de Lakabe incluídos. Unas 50 personas nos escucharon con atención y una de ellas nos propuso llevar parte de la comida al área de refugiados por la mañana.

Así que salimos para el norte de la isla, verde y arbolado, a Sikamnia, dónde a lo largo de varios kilómetros llegan zodiacs llenísimas de gente, dos mil quinientas personas a lo largo de un día! Nos dividimos en dos grupos, algunos repartieron unas 40 raciones y otros ayudamos a bajar a tierra a la gente con dificultades. Merece un texto a parte todo este tema… pero resumiendo, después de ver la frialdad y caos de los campos de refugiados nos alegramos de conocer, antes de dejar la isla, el proyecto de Pikpa (www.lesvosvolunteers.com), dónde unen fuerzas distintos grupos auto-gestionados para dar una acogida humana y con libertad de movimiento a todos los que pueden, generalmente los más más enfermos, en una zona de campamentos escolares okupada hace tres años, cuando los refugiados eran retenidos en los otros centros. Despedimos al Stray, que seguirá su viaje hacia Creta, donde pasará el invierno entre quietud y movimiento con uno de nosotros.